Por supuesto que he pecado, me he declarado hereje, he pecado bajo todas las definiciones religiosas de pecado y nos habremos de ver en la paila, si de religion se trata. He pecado por amor, he pecado porque ese sentimiento intenso y sublime se ha apoderado de mi alma y me ha arrastrado a la mas divina felicidad, será por eso que he continuado pecando.
Hoy mi herejia irreverente será la afirmación de que el amor no es pecado, no importa que religión, norma, sociedad o club campestre lo catalogue como tal. Mi herejía es que el pecado es no amar, no entregarlo todo hasta quedarnos con pedazos de nuestro propio corazón en las manos, el pecado es dejar pasar la vida sin sentir hasta el tuetano la alegria, el dolor, las sonrisas, el extasis del amor; es decir que el pecado es vivir sin estar vivos, porque el amor es lo que hace palpitar nuestro corazón y sin amor estamos muertos en vida.
De manera que por favor mis herejes me van haciendo una fila de pecadores, todos con sus sonrisas bien estampadas en las caras, los corazones y el alma, van haciendo recuentos de sus historias de amor loco, intenso, profundo, de amor tierno, dulce, desinteresado, de amor inocente, puro, genuino, de amor filial, romantico, sexual, de todo tipo de amor, todo tipo de historias, porque amigos mios, en cada una de esas historias se quedo un pedazo de nuestro corazón, de nuestra esencia y por cada uno de esos momentos fué que valió la pena estar vivos.
Quien entonces me acompañará en la caldera? Amigos mios, mis herejes: he pecado!
